Por: Miguel Valero
¿Cuántas veces no hemos
escuchado el famoso slogan ‘La casa que
vence la sombra’ desde que
ingresamos a esta prestigiosa casa de estudios, donde alguna vez soñamos con
hacer vida desde que éramos niños? Muchos nos hemos preguntado desde que somos
nuevos, cuál es su significado; un lema que explica que el campus es un espacio
para el conocimiento, la pluralidad, que se convierte en una ventana para la
integración.
La universidad
Central de Venezuela está sufriendo una de sus peores crisis a
nivel institucional, con un presupuesto insuficiente otorgado por el gobierno
nacional para el año 2015 con un déficit del 70% lo que dificulta la dotación y
la mejora de recursos primordiales para nutrir de conocimientos a los
estudiantes que hacen vida en el recinto.
A principios de Junio de
este año, el gobierno nacional para evitar un más que probable paro nacional,
realizó un incremento que se estimó entre el 30% y 70% que fue catalogado como
insuficiente. La preocupación más notoria que se vive en la UCV es la fuga de
cerebros hacia otras latitudes, lo cual afecta el desarrollo y el desempeño
óptimo de las actividades. Según Víctor Márquez, presidente de la Asociación de
profesores de la universidad Central de Venezuela, en el caso de la UCV se han
ido más de 700 profesores desde el año 2011 de un total cercano a los 4.000 docentes
en activos que tenía la universidad para ese entonces; El duro escollo de la
crisis económica y las reducidas oportunidades de desarrollar el ejercicio son
las causas que han generado el fenómeno de la fuga de talentos. «Algunos
profesores han decidido retirarse, se van al exterior y empiezan a ganar en
dólares; otros se van para empresas privadas, piden trabajar a tiempo parcial»—dijo Víctor Márquez.
Recientemente, Hasler
Iglesias, presidente la Federación de Centros de Estudiantes (FCU) denunció que
el gobierno está empujando a la Universidad hacia un cierre técnico a través de
la represión de recursos económicos. Dos semanas después, a finales de Mayo, la escuela de Química tomó la decisión de cerrar sus laboratorios por escasez de
reactivos, lo cual perjudica a una población de 450 estudiantes que cursan
laboratorio cada semestre.
La jefa del departamento de Química, María Rodríguez señaló que para funcionar bajo las mínimas condiciones, la escuela de química que cuenta con más de 1.060 estudiantes, necesita 6 millones de bolívares para la adquisición de reactivos y materiales; sin embargo, la escuela recibe del presupuesto ordinario de la universidad tan solo 9.000 bolívares para cubrir las deficiencias. La escasez de reactivos para los laboratorios y la falta de infraestructura han obligado a reducir los números de alumnos que pueden inscribirse.
Estamos a muy poco de
observar como la comunidad de la UCV está a punto de sufrir una especie de
descomposición; porque la vida que circula por el recinto ya no corresponde a
la idea orgánica y armónica que subyace y orienta el proyecto de la ciudad
universitaria.
Cuando suelo recorrer los pasillos de la universidad, intento contemplar en silencio ese maravilloso espectáculo llamado ‘ciudad universitaria’ aspirando concebir en mi interior la idea de universidad en el pensamiento de Villanueva; anhelando viajar décadas atrás y sentarme justo allí delante de él, en el momento en que proyectaba sus ideas. No puede existir un espíritu universitario donde impera la anarquía en su máxima expresión, en un espacio conformado por mini-comunidades con intereses excluyentes, donde existe el espacio para el albergue de partidos políticos. La injerencia se hace cada vez más evidente.
La UCV, la casa que vence la
sombra, hace tiempo que dejó de vencerla. La sumisión ante ataques externos, ha
dado lugar a lo que es hoy nuestra casa de estudios. La sensación de formar
parte de un todo armónico y orgánico llamado universidad, para el cual
Villanueva diseñó su ciudad, se ha perdido. Hasta
ahora todos los intentos que se han hecho para apartar y proteger a la
institución de la ciudad han fracasado. Cada uno de esos intentos ha
contribuido también, sin querer, a su deterioro. La Universidad Central es una
frontera abierta con la ciudad; Una ciudad que bombardea constantemente este
espacio, un espacio que al parecer no sentimos como propio, porque no existe
una conexión afectiva con el lugar; Porque la inconsciencia y el desamor van de
la mano. Nuestro patrimonio está expuesto constantemente a una
continua degradación; Es por ello que tenemos la obligación de conservarla y
preservarla, aunque implique enfrentarse a obstáculos externos.
Por
eso, La UCV ya no es la casa que vence
la sombra. No es la casa que vence la sombra cuando se permite que la
anarquía impere con total libertad, ya no vence la sombra cuando no existen
líderes que defiendan los derechos y las
reivindicaciones estudiantiles, ya no vence la sombra cuando permite un ‘Dakazo
académico’ con la arbitraria asignación del 71% de los cupos por parte de la
OPSU; ya no vence la sombra porque la UCV permanece en completa oscuridad,
dormida, aniquilada. Atrás dejamos a la generación del 28, aquel heroico grupo
estudiantil que luchó por sus derechos; Ya no tenemos ese espíritu de lucha que
permaneció inherente durante generaciones, lo hemos perdido.
@DeoEx


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